Convite Chocolate — Memoria de una juntada agroalimentaria
La Rifa Chocolatería, una empresa que trabaja desde la perspectiva de sistemas alimentarios regenerativos, me pidió que organizara un encuentro con algunxs agentes del sistema cacao-chocolate en la Ciudad de Oaxaca. Yo les propuse que iniciáramos el convivio con un diálogo estructurado que nos diera la oportunidad de detonar la conversación. A través de dicha metodología pudimos escuchar nuestras voces con el propósito de reconocernos, así como de nuestros intereses, afectos, conexiones, trabajos, deseos y una proyección del mundo que queremos vivir. Este artículo consiste en un recuento de la vivencia entre algunxs de lxs diferentes agentes del sistema alimentario del cacao que actúan desde la Ciudad de México y la ciudad de Oaxaca. A continuación, se presentan algunos de los diálogos, sentires, experiencias y conclusiones del convite en relación a la agroecología, la sustentabilidad, la salud y los sistemas alimentarios.
Fotografías de Antonio Michelena de Mama Pacha Chocolate.
El propósito del encuentro era involucrar a lxs participantes y sus ideas para generar una interacción desde diferentes perspectivas intentando aprovechar la riqueza de la inteligencia colectiva de gente que ha sabido hacer, pero también ha sabido escuchar. La Rifa me había encomendado generar una juntada para reconocernos. Por lo tanto, pensé que un diálogo como presentación transformaría la forma tradicional de presentarnos para movernos hacia lo que la antropóloga Bárbara Myerhoff denominó como “ceremonia definicional”, descrita como la oportunidad que tiene un grupo a negociar su identidad y establecer significados de comunidad(Browning 2014).
Fue una sesión polifacética, puesto que no solamente servía para definirnos como grupo (agentes de los sistemas alimentarios), sino también como un laboratorio de investigación-acción participativa. De esta forma nuestras vivencias serían compartidas de sujeto a sujeto y nos podrían funcionar para entender nuestros valores, entornos y aprendizajes a manera de reflexionar acciones liberadoras para nuestra realidad (Fals Borda, Rammar Mohammad 1991). Las sensaciones y razonamientos suscitados no solamente permanecen en un espacio cerrado, sino que, en diferentes medidas, los internalizamos para reproducirlos en nuestra vida cotidiana.
Mi propuesta era generar un tipo de juntada diferente, una donde aprendiéramos y nos divirtiéramos. Para intentar generar una reflexión diferente propuse dos ejercicios. Primero una meditación y reflexión basada en la filosofía y práctica de filosofía profunda que aprendí de un facilitador (Daniel Behn) en la UMA.
Tras una breve meditación, nos pusimos a pensar entre la diferencia entre contemplar y explicar, la segunda es algo que todos hacemos muy bien, pero la primera no tanto. El objetivo es entender otras relaciones que podemos entablar con el mundo, con la sociedad si dejamos de clasificar y encasillar tanto las cosas. Estas fueron algunas de las reflexiones:
“Había más calma, más paz. A diferencia de concentrarme en una cosa, podía ver algunas de los objetos que estaban relacionados a mi objeto principal.”
“Sentí que fue más sensorial que la primera vez. Ahora el pajarito no me distraía, sino que se sumaba a lo que estaba sintiendo mientras observaba algo más.”
“Ya no me distraje tanto con las otras cosas que estaban ocurriendo a mi alrededor.”
Después, a través de un diálogo estructurado para animar al diálogo que favorezca la escucha de las demás personas reflexionamos en cuatro preguntas. Este es un breve resumen de lo que se dijo.
¿Qué diferentes saberes y/o prácticas se pueden incorporar a nuestra vida para hacer frente a la crisis civilizatoria?
Resumen: Citlali propuso deconstruir las ideas en torno a la jerarquía del conocimiento. Hay unos que son marginados porque arbitrariamente se ha decidido que algunas formas de conocimiento son válidas y otras no. Bia pensaba que hace falta conformar nuevos lenguajes, puesto que algunos como el de “crisis civilizatoria” pueden dejar de lado ciertas experiencias, específicamente las de los pueblos indígenas. De esta forma formulo que el producir desde y para la familia era una forma que podríamos practicar más para la liberarnos. __ cuestionaba si los movimientos pequeños o de pocas personas generaban un impacto real. Vinik sentía que los movimientos feministas y los grupos de diálogo de los que son precursoras son buenos espacios para formular nuevas preguntas y vocabularios, aludiendo al comentario de Bia; además consideraba algunas herramientas de la alquimia útiles para incorporar un diferente acercamiento a la naturaleza. Toño encontraba algunas respuestas en el pensamiento indígena y la ecología espiritual que está viva en las comunidades cacaoteras. Finalmente, Fausto proponía hacer desde nuestro sitio, en el caso de los agentes del sistema del cacao, ese trabajo se había vuelto parte de su vida como postura política para hacer frente a la concentración de recursos del capital.
¿Qué narrativas podemos construir para hablar de salud desde la perspectiva de los elementos de la naturaleza (cacao, suelo…) para regenerar los sistemas agroalimentarios?
Resumen: Diana mencionó que debemos poner en marcha cuidados que piensa que no solucionarán el problema, sino que actuarán como paliativos. Vinik dijo que hay utilidad en enriquecernos con la narrativa de la agroecología. Que si entendemos lo que representa salud para la tierra, las acciones que generemos a partir de esa lógica también beneficiarán nuestro sistema alimentario. Dani observó que debemos dejar de construirnos a partir de raciocinios de individualismo y reconocernos como seres sociales para poder acercarnos a las perspectivas de sistemas alimentarios locales para observar y cuidad los ciclos naturales. Matt trasladó la conversación de narrativas a prácticas, dice que más que palabras necesitamos acciones. A partir de su experiencia viviendo en comunas multitudinarias piensa que necesitamos tecnologías para poder vivir en comunidad, como los ejemplo de pueblos indígenas y comunidades rurales. Vinik complementó su pensamiento compartiendo el concepto de TEK, Traditional Ecological Knowledge, y cómo es aplicado por una comunidad de pescadores en Quintana Roo para alimentarse y proteger su medio ambiente. Y Ana Cris argumentó que tenemos que polarizarnos menos, hablar desde nuestra subjetividad y acercarnos a los demás, las cosas del sistema no están corruptas por sí mismas, sino por acciones provocadas por personas, pero de todas maneras es necesario que entremos en diálogo desde el cariño para colaborar mejor como especie.
¿Qué acciones estás tomando desde la colectividad y la participación ciudadana para cuidar la biodiversidad?
Resumen: José dijo que valorar el derecho consuetudinario que sigue guiando el actuar de los pueblos, específicamente en las prácticas de cocina tradicional, donde por ejemplo no se produce con productos fuera de la estación. Dani dijo que hacer, entrar en práctica y aprender haciendo ha formado conocimientos y así empatizar con otras formas de hacer. Citlali reflexionó desde su experiencia de escasez de agua en Iztapalapa y desde esa marginalidad cuestionaba cómo reconectarse a la naturaleza. Jesús de la Rifa respondió que poco a poco conectarse a sistemas alimentarios participativos y reflexivos lo ha hecho aprender y valorar la biodiversidad. Daní, director de la rifa comentó que en el fondo es una búsqueda por sentirse vivos, que nunca estuvieron tan separados porque tenían a sus abuelos que les ponían un pie en el campo y así es como alcanzan a tocar la vida. Ni todos los doritos o cocas que se tomen, les harán olvidar eso.
¿Cuáles son las partes del sistema alimentario en el que trabajas, cómo entendemos sus relaciones y complejidad?
Resumen: Toño comenzó por decir que hay paradigmas --¿modelos sistémicos me pregunto?—y todos se notan ventajas y desventajas, pero que sí se puede notar cuáles promueven sistemas de salud o de muerte. Qué es pensando a través de esos paradigmas que logra entender los sistemas y perdonar sus errores y los de los demás. Dea, curadora de arte que trabaja con comida, postulaba como toda experiencia sensorial produce conocimiento, incluso con la comida chatarra. Se preguntaba de qué manera generar un diálogo. Fausto indicaba que hay que posicionarnos desde un lugar colectivo, político, donde tomemos poder desde nuestras condiciones para tejer redes. Quizá nuestros territorios compartidos sean nuestra comunión. Toño recalcaba en como desde el poder ciudadano podemos hacer cambios, a veces ni en las legislaciones podemos confiar porque están cooptadas.
MIS REFLEXIONES
Cuando hablábamos de como la perspectiva epistémica de la familia podría ser uno de los conocimientos para aportar a la lucha, un compañero dijo: “¿Cuál es la alternativa? Construir desde donde se pueda, lo mínimo que se pueda, lo mucho que se pueda y cómo se pueda. Desde nuestra rama alimentaria ese es un asunto muy importante. Por ejemplo, creo que para los compas que estamos acá haciendo chocolate esa es nuestra forma de ver la solución a nuestra vida cotidiana.”
Es común que pensemos que tiene cierta superioridad moral, salir a trabajar y hacer algo, sin embargo tanto tiempo ha permeado este pensamiento en la lógica social que incluso cuando estamos intentando “cambiar el mundo”, a veces nos sobreexplotamos por estar en el lugar de trabajo o en la lucha, sin notar que estamos ahí porque tenemos el privilegio de que otras de nuestras necesidades ya estén resuletas como nuestra comida, nuestro techo (o la limpieza de nuestro techo). Carol Gilligan, filósofa que propuso el marco de la ética del cuidado, describe a esta lógica como un daño moral (Gilligan 2013). En ocasiones nos enfocamos más por la lucha más mediática que por la lucha más cercana. Hablar de la producción familiar, también hablamos de la ética del cuidad, de una propuesta moral que nos incita a proteger, dar cariño y reconocimiento de los valores y acciones que tenemos en nuestro núcleo más cercano. Pensar desde la lógica de la familia, no sólo es pensar moralmente sobre los cuidados que tenemos que realizar, también es hacer reflexiones de clase y de género. Así lo ha hecho Tithi Bhattrachaya quién desde el marxismo habla de la teoría de la reproducción social que hace evidente las conexiones entre la producción que se hace en el núcleo familiar que genera las posibilidades para la producción de capital por parte de un trabajador (Battracharya 2017).
Desde la perspectiva sistémica integrar saberes para hacer frente a la crisis civilizatoria o colapso planetario, como un participante propuso, debe tener en cuenta la capacidad económica para poder elegir nuestras posibilidades, el cariño y cuidados recibidos, la perspectiva de género para poder fundar la acción de los sistemas alimentarios donde participemos. Además sumando la perspectiva de la ética del cuidado, deberíamos empezar con acciones nucleares, familiares, pero también expandiendo esta ética al punto de ver las cosas del mundo como si también fueran nuestra familia.
Mi pensar sobre la conexión sobre la conexión indisociable entre los alimentos, la salud y el ambiente se vio muy enriquecido por las clases sobre ciclos biogeoquímicos, entendiendo que entre mejor podamos permitir el desarrollo potencial de la naturaleza y después la comemos, entonces nosotros como personas estaremos en condiciones básicas de alcanzar nuestro potencial también. En la conversación se notaba con claridad un entendimiento causal entre diferentes variables de los sistemas alimentarios: se repitió como la erosión de los suelos provocada por una lógica extractivista de producción y exportación de alimentos de su lugar de origen, generaba un ciclo de nutrientes y energía diferente que tiene claros impactos negativos, desde un colapso de la salud del medio ambiente hasta la salud de los individuos que vivimos en él.
Hubo algunas participaciones que hablaban sobre intervenciones a este sistema. Las soluciones eran el manejo de la tecnología para proveer nuestros bienes materiales con menor impacto ambiental, en términos de Robin Wall Kimmerer como Traditional Ecological Knowledge, una filosofía rica en prescripciones para la sustentabilidad, con formas de vida, prácticas e historias que son contadas para restaurarnos y localizarnos nuevamente en los ciclos (Kimmerer 2013). Además, un compañero que había vivido en comunas, también se propuso la organización ciudadana como forma de tecnología social acompañada de tecnologías tradicionales. Esto me hizo pensar en formas de participación ciudadana o poder del colectivo como aquellos esquemas que planteaba Henry Lefevre en su Derecho a la Ciudad de 1969 en torno a los movimientos sociales de aquel entonces, y las reflexiones hechas en torno al poder de la colectividad como en el tiempo de la Comuna de París. Escribe Lefebvre con una perspectiva causal que todo lo que ocurría hizo que los elementos negativos fueran también creadores de una sociedad existente que organizada logró un control por parte del proletariado en contra del establishment en una de las ciudades más poderosas del mundo.